AGENART
Pieza del mes: mayo 2026
Autora invitada: Ana García Sanz
Cómo citar este artículo/How to cite this article: Ana García Sanz, “Un regalo entre hermanas: el relicario de san Sebastián del monasterio de las Descalzas Reales de Madrid”, Agenart: La agencia artística de las mujeres de la Casa de Austria, 1532-1700, 1 de mayo de 2026. Consultado: 28 de julio de 2026. URL: https://agenart.org/un-regalo-entre-hermanas-el-relicario-de-san-sebastian-del-monasterio-de-las-descalzas-reales-de-madrid
El Relicario del monasterio de las Descalzas Reales constituye un buen ejemplo de la relevancia del culto a las reliquias para la dinastía Habsburgo. Su configuración fue el resultado de un proceso gradual de incorporación de reliquias de muy diversa procedencia, conservadas en relicarios, arquetas y tabernáculos que conformaron un conjunto de extraordinario valor artístico, devocional y simbólico (Figura 1).

Durante el siglo XVI, las reliquias no solo representaban testimonios materiales de la santidad, sino que desempeñaban también una importante función política y dinástica. Constituían un signo de prestigio y poder, integrándose en las redes de intercambio y de relaciones familiares de los Habsburgo. Además de su dimensión privada como objetos de devoción, intervenían en ceremonias públicas y eran consideradas instrumentos de protección e intercesión en momentos especialmente delicados, como enfermedades, partos o situaciones de incertidumbre.

La creación y el enriquecimiento del Relicario estuvieron estrechamente ligados a dos figuras femeninas de la casa de Austria. La primera fue Juana de Austria (1535-1573), fundadora del monasterio, quien determinó que debía instalarse en el lugar donde ella había nacido, y aportó el conjunto inicial de reliquias. La segunda fue su hermana, María de Austria (1528-1603), regente, reina de Bohemia y emperatriz, cuya contribución fue decisiva gracias al envío de centenares de reliquias que ampliaron de forma extraordinaria la colección (Figura 2).
La propia Juana había previsto que el Relicario albergara tanto sus reliquias personales como aquellas que esperaba recibir desde Roma y de manos de la emperatriz. Diversos testimonios posteriores, como el del franciscano fray Juan Carrillo, confirman que una parte muy significativa de las reliquias conservadas en las Descalzas procedía de los envíos realizados por María desde los territorios centroeuropeos.
La actividad de la emperatriz como distribuidora de reliquias debe entenderse dentro de la amplia red de intercambios desarrollada por la familia Habsburgo. María remitió reliquias a diferentes cortes gobernadas por sus parientes, especialmente a mujeres de la familia, convirtiendo estos objetos en valiosos instrumentos de cohesión dinástica y de expresión de la piedad compartida.
Para mantener esta intensa circulación, María desarrolló desde la década de 1550 una activa política de adquisición. Recurrió tanto a las redes diplomáticas como a las familiares: encargó a sus embajadores la búsqueda de reliquias en distintas ciudades europeas y contó con la colaboración de miembros de la familia imperial, entre ellos el emperador Fernando I, que gestionó diversas peticiones ante obispados para obtener nuevas piezas. A ello se sumaron las estrechas relaciones mantenidas con Roma, que facilitaron la recepción de numerosas reliquias enviadas por los pontífices, así como los obsequios que recibió de distintas personalidades conocedoras de su profunda devoción, como el Lignum Crucis entregado en 1551 por el rector del Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá de Henares.
Gracias a estas múltiples vías de adquisición, la emperatriz reunió una importante colección personal, gran parte de la cual distribuyó posteriormente entre familiares y personas de su entorno, circunstancia que dificulta reconstruir con precisión la procedencia y cronología de muchas de las reliquias conservadas.
Aunque parte de la historiografía ha considerado que la mayoría de las reliquias llegaron al monasterio tras el regreso definitivo de María a España en 1582, la documentación demuestra que los envíos comenzaron mucho antes. Ya en 1554, a instancias de la entonces reina de Bohemia, el emperador Fernando I remitió a Juana de Austria varias reliquias, algunas de las Once mil vírgenes, procedentes de la iglesia de San Jorge de Neustadt, que pudieron formar parte del núcleo inicial del Relicario y disponerse en el Salón de Reyes junto al cuadro del martirio de santa Úrsula y sus compañeras.
La utilización de familiares como intermediarios en la circulación de reliquias fue una práctica habitual. Un ejemplo significativo fueron las entregadas por María a su hija Ana de Austria con motivo de su matrimonio con Felipe II en 1570. Algunas de ellas acabarían incorporándose al Relicario de las Descalzas, mientras que otras, enviadas en una nueva remesa en 1577, pasaron tras la muerte de la reina a las colecciones del monasterio de El Escorial por decisión del monarca.
Entre las obras más destacadas de las Descalzas figura el relicario que conserva una reliquia de san Sebastián, tanto por su calidad artística como por el interés de la documentación que permite reconstruir parte de su historia (Figura 3). Los documentos conservados han hecho posible identificar esta pieza como una de las reliquias enviadas por la emperatriz María a Juana de Austria y seguir, al menos parcialmente, el recorrido realizado desde su lugar de origen hasta su llegada al monasterio.
El relicario adopta la forma de un antebrazo humano dispuesto verticalmente y rematado por una mano, tipología reservada a las denominadas reliquias insignes, es decir, aquellas procedentes de partes especialmente veneradas del cuerpo de un santo. Se apoya sobre una base hexagonal decorada con seis ángeles tenantes y culmina en un viril de vidrio destinado a contener la reliquia, identificada mediante una cartela. En la parte superior del brazo aparece la siguiente inscripción:
BRA[C]HIUM DIVI SEBASTIANI MARTIRI / IOHANN[E]S HERMA[N]I DECRETORU[M] DOCTO[R] / CUSTOS ET CANANIC[US] WRATISLAVIENSIS / DECORAVIT 1499.
Por último, la mano sostiene una pequeña figura de san Sebastián representado como un guerrero con armadura y capa, siguiendo la moda de finales del siglo XV, mientras porta una flecha, atributo que alude a su martirio (Figura 4).
La devoción de la emperatriz María hacia san Sebastián queda reflejada en el elevado número de reliquias del santo que reunió a lo largo de su vida. Según la tradición hagiográfica, Sebastián sirvió como soldado al emperador Diocleciano ocultando su condición de cristiano mientras auxiliaba a los fieles perseguidos. Descubierta su fe, fue condenado a morir asaeteado, episodio que se convirtió en el principal rasgo de su iconografía. Su enterramiento en las catacumbas de la vía Apia y, especialmente, la invocación de su protección durante la peste de Roma de 680 favoreció la expansión de su culto por toda Europa lo que propició la difusión de numerosas reliquias atribuidas al santo.

La documentación relacionada con Juana de Austria aporta un dato especialmente significativo para la historia de este relicario. En enero de 1554, durante el nacimiento de su único hijo en Lisboa, una reliquia del brazo de san Sebastián fue trasladada en procesión hasta la estancia donde iba a producirse el parto con el propósito de solicitar la protección del santo. El hecho de que el recién nacido recibiera el nombre de Sebastián parece confirmar la importancia concedida a su intercesión (Figura 5). Esta noticia permitió plantear la hipótesis de que la reliquia utilizada en aquella ceremonia fuera precisamente la conservada hoy en las Descalzas Reales.
Otras referencias muestran la abundancia de reliquias de san Sebastián en la colección de la emperatriz María. En 1570 recibió del emperador Fernando I un importante conjunto procedente del castillo de Marienberg y de diversos monasterios, entre el que figuraban varias reliquias atribuidas al santo. Asimismo, en el oratorio que instaló en el Cuarto Real de las Descalzas conservaba un gran relicario traído desde Alemania con doce cabezas de santos, una de ellas perteneciente a san Sebastián. La existencia de múltiples reliquias de este santo, frecuente en la época, dificulta establecer la identidad exacta de cada pieza y valorar su autenticidad.
Las investigaciones recientes de Magdalena Adamska y Dariusz Nowacki han permitido reconstruir parcialmente la trayectoria del brazo relicario y precisar el papel desempeñado por la emperatriz María en su transmisión. A ello se suma la documentación del archivo del monasterio, donde el relicario aparece descrito con notable precisión en la relación de bienes entregados por Juana de Austria al monasterio tras su fallecimiento, en 1573. El inventario menciona un brazo de plata dorada rematado por una mano, decorado con seis escudos heráldicos, coronado por una imagen de san Sebastián con una flecha y una sortija con turquesa, e identificado por la inscripción gótica que comienza con las palabras Brachium divi Sebastiani martir. Esta descripción coincide plenamente con la pieza conservada en la actualidad y confirma su presencia entre las reliquias fundacionales del monasterio.
Este dato permite establecer con mayor precisión la cronología y procedencia de este brazo relicario. La descripción incluida en el inventario confirma la existencia de la pieza y recoge varios de sus rasgos más característicos, lo que demuestra que el relicario ya formaba parte del patrimonio fundacional de las Descalzas Reales antes de la llegada definitiva de la emperatriz María a Madrid en 1582. En consecuencia, no puede identificarse como una de las reliquias que ésta trasladó personalmente al instalarse en el Cuarto Real.
Otro testimonio documental fundamental es la relación de las Reliquias que envió la católica Emperatriz con la reina Nuestra Señora, redactada en 1571 con motivo del viaje de Ana de Austria a España para contraer matrimonio con Felipe II. En ella se registra el envío de una reliquia de san Sebastián junto a otra de santa Bárbara, cuyos relicarios no se describen y únicamente se indica que fueron transportados en una caja por la camarera mayor de la reina. La asociación entre ambas reliquias volverá a aparecer en documentos posteriores, especialmente en las memorias elaboradas durante el siglo XVII por las hermanas denominadas “relicarieras,” que eran encargadas de custodiar el Relicario. En estas memorias se describen dos brazos relicarios, uno de san Sebastián y otro de santa Bárbara, destacándose en el primero la presencia de una sortija que la tradición del monasterio identificó como una joya perteneciente a santa Clara.
Esta interpretación fue recogida en un inventario de 1900, donde ambos relicarios aparecen catalogados conjuntamente. Además de mencionar la inscripción gótica y la supuesta procedencia alemana de las piezas, el inventario afirma que la reliquia de san Sebastián había sido enviada por el papa Paulo IV. Sin embargo, esta atribución carece de respaldo documental contemporáneo y parece derivar de una interpretación de las crónicas del monasterio redactadas por Pedro de Salazar y fray Juan Carrillo a comienzos del siglo XVII. Ambos autores mencionan que el pontífice envió una arqueta con reliquias de san Sebastián y de otros santos, pero esa noticia no permite identificar con seguridad aquella donación con el brazo relicario estudiado.
La investigación moderna ha concedido una importancia decisiva a la inscripción conservada en la propia pieza. Durante mucho tiempo no fue correctamente transcrita ni valorada, pero los estudios realizados a partir de la segunda mitad del siglo XX permitieron interpretar adecuadamente su contenido. El texto identifica como promotor del relicario a Johannes Hermann, canónigo de la catedral de Breslavia, quien encargó su realización en 1499. La documentación conservada en la propia catedral confirma que Hermann desempeñó este cargo desde 1484 y permite contextualizar su actividad como destacado impulsor del culto a san Sebastián.
Las actas capitulares de la catedral de Breslavia revelan que, en 1502, Johannes Hermann donó un rico relicario de plata sobredorada destinado a custodiar una reliquia de san Sebastián venerada en el templo desde el siglo XI. Además, promovió el establecimiento de una festividad específica dedicada al santo el 20 de enero y la creación de una colecta destinada a financiar becas para los estudiantes de la escuela catedralicia. Estas iniciativas suscitaron un intenso debate entre los miembros del cabildo, lo que demuestra la importancia simbólica y económica que adquirió el relicario dentro de la institución.
El análisis artístico de la pieza aporta también información de gran interés. Los seis ángeles que decoran la base sostienen escudos heráldicos con las armas del papa Alejandro VI Borgia, del rey Vladislao II de Bohemia y Hungría y del propio Johannes Hermann, identificado con tres estrellas de seis puntas sobre fondo azul. La presencia de estas armas responde a una práctica habitual en la orfebrería religiosa de finales del siglo XV, destinada a perpetuar la memoria del donante y a manifestar los vínculos entre el patrocinio artístico, la autoridad eclesiástica y el poder político.
Tras la muerte de Johannes Hermann en 1504, el brazo relicario permaneció integrado en el tesoro de la catedral de Breslavia durante varias décadas. Su trayectoria cambió en 1563, cuando Maximiliano II, entonces rey de Bohemia y Hungría visitó la ciudad con motivo de una reunión de gobernantes celebrada en Silesia. Durante su estancia tuvo ocasión de conocer el tesoro catedralicio y manifestó su interés por adquirir diversas reliquias para su esposa, la emperatriz María. Entre las piezas seleccionadas se encontraba el brazo relicario de san Sebastián, circunstancia que constituye un momento decisivo en la historia del objeto y explica su incorporación a la colección de la emperatriz, desde donde acabaría llegando al monasterio de las Descalzas Reales.
Aunque la documentación ha permitido reconstruir gran parte de la historia del brazo relicario de san Sebastián, todavía no es posible determinar con exactitud la fecha ni las circunstancias concretas en que la emperatriz María lo hizo llegar a su hermana Juana de Austria. Es probable que formara parte de un envío más amplio de reliquias, integrado por otros brazos relicarios, una tipología especialmente abundante en el monasterio de las Descalzas Reales y estrechamente vinculada a las ceremonias litúrgicas y a la veneración pública de las reliquias. Estos relicarios adquirían un protagonismo especial durante determinadas festividades, cuando las reliquias eran trasladadas desde su ubicación habitual para ser expuestas de manera solemne. Así sucedía en la celebración de san Víctor, cuya reliquia y arca habían sido donadas por Ana de Austria. En esa ocasión se disponían alrededor del arca al menos seis brazos relicarios de plata, lo que manifiesta el importante papel que desempeñaban en la escenografía litúrgica. Las fuentes históricas confirman igualmente la abundancia de este tipo de obras en el monasterio. Pedro de Salazar menciona la existencia de ocho brazos relicarios, tres de ellos donados por la emperatriz María y destinados a custodiar reliquias entre ellas las de san Sebastián. Del mismo modo, Juan Carrillo describe otros brazos relicarios enviados por el archiduque Ernesto a su hermana Margarita en 1585.

De todos ellos, únicamente se conservan actualmente el de san Sebastián y el citado de santa Bárbara. Aunque su procedencia continúa siendo desconocida, presenta notables similitudes formales y decorativas. Su base incorpora escudos de Castilla, Aragón, Portugal, Sicilia, Austria y Borgoña sostenidos por ángeles, una solución ornamental semejante a la empleada en el relicario de san Sebastián (Figura 6).
Desde el punto de vista artístico, el brazo relicario de san Sebastián constituye una obra de gran calidad, propia de los talleres de orfebrería centroeuropeos de finales del siglo XV. José Manuel Cruz Valdovinos lo relacionó con el taller del orfebre Oswald Rothe por sus semejanzas con un brazo relicario de san Juan Bautista conservado en la catedral de Breslavia (Figura 7). Sin embargo, las diferencias cronológicas dificultan esta atribución. Resulta más verosímil la hipótesis de que su autor fuera el mismo maestro que ejecutó otro brazo relicario dedicado a san Estanislao, también conservado en Breslavia y cuyas características muestran una afinidad mucho mayor con la pieza madrileña (Figura 8).
Todo lo expuesto permite acreditar que el relicario de san Sebastián estuvo documentado en el tesoro de la catedral de Breslavia desde comienzos del siglo XVI hasta su adquisición por Maximiliano II en 1563, cuando el monarca manifestó expresamente su deseo de obtenerla para la emperatriz María. Todo indica que fue ésta quien, posteriormente, la envió a Juana de Austria, probablemente integrada en el conjunto de reliquias entregadas en 1570 a su hija Ana con motivo de su matrimonio con Felipe II.
La historia del brazo relicario de san Sebastián se inscribe en el proceso de continuo crecimiento del Relicario de las Descalzas Reales desde su creación en 1564, una vez construida la iglesia. A las aportaciones iniciales de Juana y María se fueron sumando donaciones procedentes de numerosos miembros de la familia Habsburgo, como Rodolfo II, los archiduques Alberto e Isabel Clara Eugenia, la emperatriz Ana, Felipe III o Filiberto de Saboya, así como de destacados nobles vinculados a la corte. La acumulación de reliquias fue tan extraordinaria que durante el reinado de Felipe IV resultó necesario remodelar el Relicario para reorganizar la colección y acomodar el creciente número de piezas.
Como otros espacios del monasterio, el Relicario refleja tanto la intensa espiritualidad de la comunidad como la historia de la institución. Las guerras, especialmente la invasión francesa, ocasionaron importantes pérdidas, mientras que el uso continuado de las piezas en el culto provocó su deterioro y motivó numerosas restauraciones y modificaciones destinadas a garantizar su conservación y funcionalidad.
En este contexto, el estudio del brazo relicario de san Sebastián demuestra el valor de combinar el análisis material de las obras con la documentación histórica para reconstruir su procedencia y circulación. Este enfoque permite comprender mejor un conjunto excepcional en el que confluyen la devoción religiosa, la memoria dinástica de los Habsburgo, el coleccionismo de reliquias y los intercambios artísticos que caracterizaron la Europa del Renacimiento.
Bibliografía (selección):
- Magdalena Adamska-Dariusz Nowacki, “Srerny relikwiarz sw. Sebastiana Z 1499R”, en Folia Historica Cracoviensia, vol. 10 (2004), pp. 31-40.
- Juan Carrillo, Relación histórica de la Real fundación del Monasterio de las Descalzas de S. Clara de la villa de Madrid …, de las vidas de la princesa de Portugal doña Iuana de Austria, su fundadora y de la M. C. de la emperatriz María su hermana, que vivió y acabó santamente allí su vida… (Madrid: Luis Sánchez, 1616).
- Vanessa Cruz Medina, “The Relicario of the Descalzas Reales: Juana of Austria’s Collection of Relics,” in The Making of Juana of Austria: Gender, Art, and Patronage in Early Modern Iberia (Baton Rouge: Louisiana State University Press, 2021).
- José María Cruz Valdovinos, Platería europea en España (1300-1700) (Madrid: Fundación Central-Hispano, 1997).
- Juan Luis González García, “‘Celestiales Tesoros’. Coleccionismo y circulación de reliquias en la monarquía hispánica”, en VV. AA, Extraña devoción: De reliquias y relicarios (Madrid: Ministerio de Cultura y Deporte, 2021), pp. 62-76.
- Esther Jiménez Pablo, “Cultura material en ‘clausura’: las reliquias del Monasterio de las Descalzas Reales en los siglos XVI y XVII”, Antíteses, 20 (2017), pp. 613-630.
- Maria José del Río Barredo y Katherine Mills, “Reliquias en movimiento: las fiestas de los santos en el convento madrileño de las Descalzas Reales hacia 1650”, en Spolia Sancta. Reliquias y arte entre el Viejo y el Nuevo Mundo, eds. Luisa Elena Alcalá y Juan Luis González García (Madrid: Akal, 2023), pp. 47-65.
- Juan de Palma, Cathalogo, y sumario general de las venerables, y admirables reliquias, que se reverencian en el Sanctuario, y relicario del Real, y Religioso Convento de las Descalças Franciscas de la mayor corte, y villa de Madrid, Fundación Lázaro Galdiano, Signatura: M 1-1-18 [I. 14944]. https://bibliotecavirtualmadrid.comunidad.madrid/bvmadrid_publicacion/es/consulta/registro.do?id=3255
- Pedro de Salazar, Crónica e historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla, de la Orden del bienaventurado padre San Francisco (Madrid: Imprenta Real, 1612).
Pies de Foto e información de imágenes referidas en el texto:
- Figura 1. Vista del relicario del Monasterio de las Descalzas Reales: Foto: © Patrimonio Nacional. Colecciones Reales, PDP149
- Figura 2. Atribuido a Lucas de Heere, La emperatriz María de Austria, reina de Bohemia, 1562-1576, óleo sobre tabla, 63 x 49,5 cm., Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid. Foto: © David Blázquez. Patrimonio Nacional. Colecciones Reales, 00611329
- Figura 3. Taller de Silesia, Brazo relicario de San Sebastián, 1499, plata sobredorada, cincelado y fundido, 58 x 14 cm., Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid. Foto: © Patrimonio Nacional. Colecciones Reales, 00610863
- Foto: Patrimonio Nacional.
- Figura 4. Taller de Silesia, Brazo relicario de San Sebastián (detalle), 1499, plata sobredorada, cincelado y fundido, 58 x 14 cm., Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid. Foto: © Patrimonio Nacional. Colecciones Reales, 00610863
- Figura 5. Cristóbal de Morales, Retrato de don Sebastián, rey de Portugal, 1565, óleo sobre lienzo, 179 x 120 cm., Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid. Foto: © Patrimonio Nacional. Colecciones Reales, 00612069
- Figura 6. Atribuido a taller alemán, Brazo relicario de Santa Bárbara, 1450-1500, plata, cincelado y fundido, 49 x 14 cm., Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid. Foto: © Patrimonio Nacional. Colecciones Reales, 00611043
- Figura 7. Oswald Rothe, Brazo relicario de san Juan Bautista,1512, plata sobredorada, cincelado y fundido, 48,5 x 14 cm., Catedral de San Juan Bautista, Breslavia. Foto: © Arkadiusz Podstawka. https://mnwr.pl/migracje/
- Figura 8. Taller de Cracovia, Brazo relicario de san Estanislao Obispo, 1465, plata sobredorada, cincelado y fundido, 49,3 x 13,8 cm., Catedral de San Juan Bautista, Breslavia. Foto: © Jerzy Pajor. https://maryjny.org/zdjecie/relikwiarz-sw-stanislawa-biskupa/



