AGENART
Pieza del mes: febrero 2026
Autora: Tanya J. Tiffany
Cómo citar este artículo/How to cite this article: Tanya J. Tiffany, “Un Niño Jesús y Sor Margarita de la Cruz”, Agenart: La agencia artística de las mujeres de la Casa de Austria, 1532-1700, 19 de febrero de 2026. Consultado: 28 de julio de 2026. URL: https://agenart.org/un-nino-jesus-y-sor-margarita-de-la-cruz/

Entre la espléndida colección de esculturas del Niño Jesús albergada en el convento madrileño de las Descalzas Reales se encuentra una talla (Figura 1) que, según la tradición, fue muy querida por la archiduquesa y religiosa Sor Margarita de la Cruz (1567–1633). Aunque mide solo quince centímetros de largo, este Niño Jesús de pasión dormido (finales del siglo XVI o principios del XVII), de madera y ricamente policromado, muestra una excepcional belleza y naturalismo. El Niño se presenta con las mejillas rosadas y desnudo, durmiendo con la boca ligeramente abierta y recostado sobre una manta blanca y un colchón a cuadros. Si bien estos atributos podrían hacer que la imagen se asemejase a cualquier bebé dormido, su carácter sagrado se vuelve inconfundible mediante la presencia de una cruz, una lanza y una corona de espinas. Además, el estatus regio del Niño como Cristo Rey se sugiere mediante la almohada carmesí y dorada bajo su cabeza, que guarda parecido con los cojines frecuentemente mostrados en retratos de infantes durante la época (Figura 2). En esta evocación de la iconografía principesca, la escultura es eminentemente apropiada para las Descalzas Reales: una institución franciscana íntimamente ligada a la corte española.

Según la Vida (1636) escrita por su confesor, el franciscano Juan de Palma, Margarita profesaba ya una gran devoción a las imágenes del Niño Jesús mucho antes de ingresar en el convento. Nació en Viena en 1567, hija del Emperador Maximiliano II y de la Emperatriz María, infanta de España y hermana de Felipe II. Durante su infancia se habría familiarizado con las esculturas policromadas del Niño Jesús que se encontraban por todo el Sacro Imperio Romano, como lo ejemplifica la imagen en la Figura 3. Palma afirma que en esta época Margarita “se ocupaua en hazer Altares, en adornar Imagines, señaladamente la del Niño Iesus, cuyo amor la tenia cautiua”. Esta práctica se intensificó en 1581, cuando se trasladó a Madrid con su madre, quien era ya emperatriz viuda, y posteriormente profesó en las Descalzas.

En el convento, Margarita encontró innumerables esculturas del Niño Jesús, muchas de las cuales probablemente figuran entre las que aún hoy permanecen dentro de sus muros. La presencia de estas esculturas se remonta a los inicios mismos de las Descalzas, pues su fundadora, Juana de Austria, hermana de la Emperatriz María, había donado diversos ejemplares a la institución, y las primeras monjas del convento también llevaron algunos procedentes de su antigua residencia en Gandía. En las siguientes décadas (y, de hecho, durante siglos), el conjunto de Niños fue ampliado por diferentes miembros de la familia real y otros benefactores, así como por las monjas recién profesas, que los traían al ingresar en el convento. Como ocurre con el Niño Jesús de pasión dormido, la mayoría están realizados de materiales humildes como madera, plomo o cera, y gracias a su elaborada policromía se logra un gran efecto ilusionista. Las figuras varían en tamaño, desde sesenta centímetros de altura (aproximadamente el tamaño de un bebé de nueve meses) hasta menos de nueve centímetros de largo. Estas dimensiones permiten que las esculturas sean lo suficientemente pequeñas para ser abrazadas y, en algunos casos, sostenidas en las manos, de manera que propician un fuerte compromiso táctil. Muchas son imágenes de vestir diseñadas para ser manipuladas por las mujeres que las adornaban, ya sea con prendas sencillas o con el tipo de galas que aparentemente deleitaban a Margarita (Figura 4).

Palma describe varios de los Niños de Margarita en la Vida, ofreciendo una visión de su forma y función. Explica que la archiduquesa comunicaba su ternura hacia las imágenes dándoles a cada una un apodo, tales como El Primogénito (“por ser el primero que le auian dado, y primogenito de todas las criaturas”), El Peregrino (“porque vinò a serlo por nosotros desde el Cielo à la tierra”), El Alemán (“porque lo parecia en el cabello, y le auia encome[n]dado todas aquellas Prouincias”), y El Mayorazgo (“por ser autor de todo poder, y riquezas”). Señala que la imagen favorita de Margarita era una que ella llamaba tanto El Esposo como El Regalado, en referencia al doble estatus de Cristo como marido exaltado y niño amado, respectivamente. Las religiosas de las Descalzas suelen identificar esta obra con el Niño Jesús de pasión dormido, aunque el texto de Palma indica que El Esposo era incluso más pequeño y también más opulento. Lo describe como “pequeñito” y “guarnecido de cristal”, lo cual sugiere que estaba ornamentado con joyas o que tenía los ojos de vidrio. Sin embargo, incluso si el Niño Jesús de pasión dormido no era El Esposo que Margarita “adora[ba] y abraza[ba]”, bien pudo haber figurado entre las imágenes que, según Palma, empleaba como expresión de su “tierno” amor por Dios.
Según todos los relatos, los Niños fueron centrales en la vida ritual de Margarita. Palma explica que ella tenía un oratorio dentro del convento y lo llenaba con “muy lindas imagenes del Niño Iesus. Era su mayor recreacion el vestirlos, adornarlos, y asistirlos con veneracion, y decencia”. En el propio relato de Margarita sobre su práctica sagrada, los Exercicios de devocion y oracion […] del Real Monasterio de las Descalças (1622), se detalla su costumbre de “aparejar la ropa del Niño” de forma metafórica durante una semana en Adviento, un ejercicio que consiste en meditar sobre la creación de un ajuar para el recién nacido mientras recita los Salmos. Así, comienza el primer día con “la camisa blanca” (que construye considerando “la limpieça del Señor”), continúa en días subsiguientes con necesidades tales como sus “pañales de lienço” (hechos de “desseos de amor”), y termina el séptimo día con su “faxica” (una tarea cumplida “contemplando la dignidad de su Alma sanctissima”). Esta actividad meditativa estuvo sin duda vinculada a la práctica ritual de Margarita de vestir y cuidar a sus Niños literalmente.
La riqueza de los Niños de Margarita era excepcional, algo lógico dada la suntuosa cultura material de las Descalzas; no obstante, su relación con ellos se insertaba en una práctica de la piedad afectiva muy común entre la Baja Edad Media y el inicio de la Edad Moderna. Palma describe esta adoración de Cristo como profundamente arraigada en las tradiciones espirituales de la orden franciscana. Los hagiógrafos registraron encuentros conmovedores entre el Niño y los fundadores de la orden, Francisco y Clara, y con el cercano seguidor de Francisco, Antonio de Padua, quien acunó al Bebé en sus brazos. A este respecto, en una oración fúnebre para Margarita, el predicador real Hortensio Félix Paravicino sugirió que Margarita no solo igualaba, sino que superaba a aquellos santos franciscanos en la intimidad de su relación con el Niño Jesús; mientras que Antonio recibió el favor de sostener al Niño, Margarita disfrutó del don supremo de oír cómo Él le prometía ser su “protector”. La práctica de Margarita asimismo evocaba las experiencias de las mujeres piadosas para quienes el Niño Jesús inspiraba visiones de maternidad sagrada. Como ha enfatizado Carolyn Walker Bynum, varias mujeres bajomedievales tuvieron revelaciones de abrazar, bañar o alimentar al Niño, a veces amamantándolo al sostener su imagen esculpida contra su pecho. De manera similar, Palma relata que la archiduquesa compartía comidas con El Esposo y le ponía “en el pecho […] cruza[n]do los brazos sobre el” siguiendo el modelo de la Virgen misma.
En su devoción al Niño, Margarita también participaba de las tradiciones cortesanas y dinásticas sostenidas por la comunidad monástica y las mujeres laicas que frecuentaban el convento. Entre ellas, destaca la parienta y confidente de la monja, la reina Margarita de Austria, quien expresó su propia devoción a la infancia de Cristo dándole a Margarita de la Cruz “vn Niño Iesus adornado de joyas muy ricas”, entre otros muchos regalos. Esto refleja que las imágenes del Niño también fueron parte integral de la vida ceremonial de las mujeres en la corte española. Para citar un ejemplo clave, María Cruz de Carlos ha demostrado que en el vientre de la escultura de la Virgen de la Expectación ubicada en el Oratorio de la Reina del Alcázar madrileño, donde la soberana y sus damas rezaban por la sucesión real, se guardaba un Niño. Cuando las reinas se ponían de parto, un sacerdote del Oratorio extraía al Niño del vientre de la escultura, haciendo explícita la asociación entre el nacimiento de un heredero y el advenimiento de Cristo. En paralelo, dentro de los confines de las Descalzas, Margarita realizaba rituales sagrados para los nacimientos reales, celebrando, por ejemplo, el embarazo de su sobrina María Ana (retratada como niña en la Figura 2): ordenó dos hábitos monásticos para el bebé y los hizo bendecir y colocar en un altar durante nueve días antes de que fueran enviados a la futura madre. También comparaba a sus jóvenes sobrinas y sobrinos con el mismo Cristo, y Palma afirma que los amaba “en orden à los espirituales sentimientos, que tenia de la memoria del niño Iesus”. Tales comparaciones se reforzaban gracias a la cultura visual del convento madrileño, donde se dispusieron algunos retratos que mostraban a los infantes con una apariencia semejante a la de Jesús, y las esculturas de Cristo estaban ataviadas con vestiduras regias (véase la Figura 4).
Aunque el Niño Jesús de pasión dormido no fuera la misma imagen que Margarita guardaba contra su pecho, su iconografía sagrada y real habría resultado de lo más apropiada para asimilar su devoción al Niño con el mencionado ritual cortesano. Es fácil imaginar, por tanto, su posible colocación en su oratorio o sobre el altar en el que disponía los hábitos del hijo de María Ana. Allí, habría figurado junto a otras imágenes tales como El Primogénito y El Mayorazgo, cuyos nombres evocaban la sucesión monárquica, o junto a aquellas que portaban coronas y cetros. También podemos imaginarla transformando al Niño Jesús de pasión dormido al cambiar su disposición o adornándolo con diferentes joyas. Incluso, pudo haberle dedicado una nota escrita de su propia mano, como la que dedicó a El Peregrino, asegurándole al Niño que le ofrecía “mi alma, y mi cuerpo, todas mis acciones, mi interior, y exterior”.
Bibliografía (selección):
- Bynum, Caroline Walker. Holy Feast and Holy Fast: The Religious Significance of Food to Medieval Women. Berkeley: University of California Press, 1987.
- Checa, Fernando, ed. La otra corte. Mujeres de la Casa de Austria en los Monasterios Reales de las Descalzas y la Encarnación. Cat. exp. Madrid: Palacio de Oriente, 2019.
- de Carlos Varona, María Cruz. “Entre el riesgo y la necesidad. Embarazo, alumbramiento y culto a la Virgen en los espacios femeninos del Alcázar de Madrid (siglo XVII)”, Arenal. Revista de Historia de las mujeres 13:2 (2006), 263-290.
- de Carlos Varona, María Cruz. Nacer en palacio. El ritual del nacimiento en la corte de los Austrias. Madrid: CEEH, Centro de Estudios Europa Hispánica, 2018).
- García Sanz, Ana. El Niño Jesús en el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid. Madrid: Patrimonio Nacional, 2010.
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- Margarita de la Cruz,Exercicios de devocion y oracion, para todo el discvrso del año, del Real Monasterio de las Descalças en Madrid; Que mandò imprimir la Ser.[enísi]ma Señora Infanta Soror Margarita de la Crvz. Amberes: [Balthasar Moretus] en la Emprenta Plantiniana, 1622.
- Palma, Juan de. Vida de la sereníssima Infanta Sor Margarita de la Cruz Religiosa descalça de S. Clara. Madrid: Imprenta Real, 1636.
- Paravicino, Hortensio Félix. Margarita, o Oración fvnebre en las onras de la Sereníssima Infanta… Soror Margarita de la Cruz. En Sermones cortesanos, editado por Francis Cerdan, Madrid: Castalia, 1994, 294-334.
- Sánchez, Magdalena S. “Where Palace and Convent Met: The Descalzas Reales in Madrid,” Sixteenth Century Journal 46:1 (2015), 53–82.
- Tiffany, Tanya J. “The Infant Christ at the Spanish Court: Sor Margarita de la Cruz (1567–1633) and Sacred Material Culture.” Sixteenth Century Journal 50:3 (2019), 783–820.
- Tiffany, Tanya J. “‘Little Idols’: Royal Children and the Infant Jesus in the Devotional Practice of Sor Margarita de la Cruz (1567–1633).” En The Early Modern Child in Art and History. Editado por Matthew Averett Knox. Londres: Taylor and Francis, 2015, 35–48.
Pies de foto e información de imágenes referidas en el texto:
- Figura 1. Autoría desconocida, Niño Jesús de pasión dormido, finales del siglo XVI o principios del XVII. Madera policromada, 15 cm. Madrid, Monasterio de las Descalzas Reales. Foto © Patrimonio Nacional
- Figura 2. Juan Pantoja de la Cruz, Infanta María Ana, obra documentada en 1607. Óleo sobre lienzo, 82 x 64 cm. Viena, Kunsthistorisches Museum (expuesto en Innsbruck, Schloss Ambras). Foto: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Juan_Pantoja_de_la_Cruz_006.jpg
- Figura 3. Círculo de Michel Erhart, Niño Jesús con una manzana, ca. 1470–80. Madera policromada (sauce con pintura original y restos de dorado), 38 x 19.1 x 12.1 cm. Nueva York, The Metropolitan Museum of Art, The Cloisters Collection. Foto: The Metropolitan Museum of Art, The Cloisters Collection, 2012. https://www.metmuseum.org/art/collection/search/479673
- Figura 4. Autor castellano desconocido, Niño Jesús príncipe, ca. 1560–70 (con vestimenta del siglo XVIII). 37.5 cm. Madrid, Monasterio de las Descalzas Reales. Foto © Patrimonio Nacional