‘Santa’ Margarita de Austria

AGENART
Pieza del mes: Junio 2022
Cécile Vincent-Cassy

Cómo citar este artículo/How to cite this article: Cécile Vincent-Cassy, “‘Santa’ Margarita de Austria”, Agenart: La agencia artística de las mujeres de la Casa de Austria, 1532-1700, 1 de junio de 2022. Consultado: 23 de mayo de 2024. URL: https://agenart.org/santa-margarita-de-austria/.

La reina Margarita de Austria [Figura 1], esposa del rey Felipe III desde 1599, falleció de sobreparto tras dar a luz al infante Alonso el 22 de septiembre de 1611. Aquel niño, que moriría igualmente antes de cumplir un año, era el octavo de la real pareja. Los sucesivos embarazos de la reina se siguieron en un plazo de doce años. Como le correspondía, Margarita vivió para dar herederos a la Corona. Y de ello murió. Debía de tener conciencia del sacrificio que hacía de su persona. Dieciocho años después de su muerte, el predicador Juan Rodríguez de León subrayó que ella proyectaba su vida en el futuro de su muerte, en el pensamiento de su cuerpo sepultado en el panteón del Real Monasterio de El Escorial:

Qué de veces dijo la santa reina Margarita que había de morir de un parto; y, tiernamente llorosa a la vista del Panteón del Escorial, qué de veces delineó sitio a su cuerpo. La última jornada que hizo a aquella maravilla fue a buscar la muerte: que no había de volver afirmó reiteradamente.

Juan Rodríguez de León, La Perla. Vida de Santa Margarita Virgen y Martir (Madrid: Imprenta del Reino, 1629), Quilate XII.

Según los apologistas al uso, la muerte de la joven reina en 1611 causó general desconsuelo entre sus súbditos. Sus honras fúnebres repitieron los tópicos de la encomiástica reginal [Figura 2]. Al igual que para las reinas de la Edad Media, se enaltecieron sus santas costumbres. Fue presentada como un ejemplo de devoción, un dechado de virtudes. Uno de sus modelos sería la reina medieval Isabel de Portugal, infanta de Aragón, cuya canonización pidió el rey Felipe III (se canonizó en 1625). Se miró sobre todo en el espejo de las santas Margaritas, pues la soberana llevaba su nombre programáticamente. Lo puso de realce el agustino Juan de Soto en 1617, publicando un libro que la presentaba como el colofón de las Margaritas preciosas de la Iglesia. El título indicaba que el libro trataba de: ‘la Virgen y Martir (Margarita de Antioquía)’, ‘la llamada Pelagio Monge’, ‘la Serenissima Reyna de Escocia, en tres libros, cada qual del Texto de su vida’, y al final ‘de las virtudes, y excelencias que dellas sacó la Reyna Doña Margarita nuestra Señora, que está en la gloria’. Así afirmaba el autor:

llamo santa a nuestra bendita Reyna, porque lo parecio tanto, y dio tantas muestras de serlo; que quando se lo llamemos, no caeremos cierto en nota de demassiados.

Juan de Soto, Margaritas preciosas de la Iglesia (Alcalá: Andrés Sánchez de Ezpeleta, 1617), p. 318

Al leer éstos y otros textos posteriores a la muerte de Margarita de Austria, se constata que la expresión de la santidad de la reina, visible en las pinturas encargadas por la misma soberana en 1603 a Juan Pantoja de la Cruz para su oratorio [Figura 3] fue más allá de la retórica. Dicho de otro modo, en su caso la cronística dio un paso hacia la hagiografía. En varios textos se barajó la posibilidad de que, sin ser su santidad reconocida por la Iglesia, tuviera todas las características de la misma, imponiéndose la idea de que ella se había sacrificado por la Monarquía.


Figura 4. Primera página de La muerte de la Serenísima Reyna Doña Margarita de Austria que está en el çielo, siglo XVII. Madrid, Biblioteca Nacional de España, MSS/20264/204.

La Biblioteca Nacional de España en Madrid conserva un manuscrito de cinco folios en donde su anónimo autor discurre sobre la calificación de la muerte de la reina: Margarita de Austria, además de haber llevado al clímax la búsqueda de la perfección, era una mártir [Figura 4]. Una mártir del ámbito no sólo dinástico-político, sino religioso. La autoría de este manuscrito procede del círculo de aquellos que, a la sombra de la reina, se oponían a la influencia del valido de Felipe III, el duque de Lerma, pero sobre todo al poder que ejercía el valido del valido, Rodrigo Calderón, acusado de haber causado su fallecimiento. Al considerarlo como un enemigo de la fe, el autor anunciaba en las primeras líneas:

La muerte de la Serenissima Reyna Doña Margarita de Austria que esta en el çielo, causo general desconsuelo a estos Reynos: asi por lo mucho que se devio sentir en tan temprana y florida hedad, como por la sospecha que corre de que fue procurada, por quien hallava estorbo en sus santos intentos, para executar injusticias y tiranias.

La muerte de la Serenísima Reyna Margarita que está en el çielo, siglo XVII, BNE, MSS/20260/204, fol 1r.

El consuelo de la Monarquía sólo se encontraría en el hecho de que la misma reina fuera una ‘mártir de Jesucristo’. Las páginas siguientes evalúan la justificación teológica del martirio de Margarita de Austria. Se llega así a afirmar al final que se la puede invocar y venerar como santa, pues hay motivos para probar su martirio desde la definición religiosa. Según Tomás de Aquino, un mártir tenía que sufrir, desear el martirio por la fe, morir por él, pero no provocarlo. Margarita de Austria, según el autor, no solo se había sacrificado en cuerpo y alma por la Monarquía, defensora de la religión católica, sino que había deseado el martirio, lo que repetiría Rodríguez de León en La Perla en 1629. Y también había sufrido los ataques contra la religión católica por parte de sus enemigos. Rodrigo Calderón era uno de ellos. Los moriscos eran otros. El texto subraya no solo el papel que había tenido la reina en la decisión de expulsarlos en 1609, sino la cristiana paciencia con la que padeció su presencia y ‘traición’. El texto termina con la afirmación de su santidad, apelando a venerarla en lo privado, antes de que se obtenga su reconocimiento en Roma:

De lo dicho se sigue la mucha seguridad que se puede tener de el gran lugar que aquella alma bendita tiene en el cielo…la podemos invocar con confianza en nuestras necesidades, honrándola siempre con veneración de santa: cuando la Iglesia la declare por tan con adoración pública, y entretanto privadamente.

Ibid., fol. 4r (énfasis de la autora).

Es conocida la ‘biografía’ que el limosnero mayor de Felipe III, Diego de Guzmán, publicó en 1617 con el título de Reyna catolica. Vida y muerte de D. Margarita de Austria reyna de Espanna [Figura 5]. Sería más justo calificar esta obra de hagiografía, pues como afirmó el autor en la dedicatoria al soberano, él no tenía otro propósito que alimentar la ‘veneración’ de la reina muerta:

Pidio el deseo comun se publicasen las excelencias y Virtudes de la Reyna Doña Margarita de Austria nuestra Señora, para su Veneracion.

Diego de Guzmán, Reyna catolica. Vida y muerte de D. Margarita de Austria reyna de Espanna (Madrid: Luis Sánchez, 1617), dedicatoria “Al rey Felipe III nuestro Señor”, sin foliar (énfasis de la autora).

Martirizada por la causa de la Monarquía católica, Margarita de Austria gozó tras su temprana muerte del estatuto de una posible candidata a la santificación universal.


Bibliografía (selección)

  • María Cruz de Carlos Varona, Nacer en palacio. El ritual del nacimiento en la corte de los Austrias (Madrid: Centro de Estudios Europa Hispánica, 2018).
  • Santiago Martínez Hernández, Rodrigo Calderón, la sombra del valido. Privanza, favor y corrupción en la corte de Felipe III (Madrid: Centro de Estudios Europa Hispánica/Marcial Pons, 2009).
  • Esther Jiménez Pablo, “Espejo de reinas. Margarita de Austria (1584-1611) y su reflejo en la reina bíblica Ester”, Pedralbes. Revista d’historia moderna 36 (2016), 113–139.
  • Magdalena S. Sánchez, The Empress, the Queen, and the Nun: Women and Power at the Court of Philip III of Spain (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1998).
  • Cécile Vincent-Cassy, “Les joyaux de la Couronne. Sainteté et Monarchie hispanique en Espagne après le Concile de Trente”, en Dévotion et légitimation Patronages sacrés dans l’Europe des Habsbourg, ed. Marie-Elizabeth Ducreux (Lieja: Université de Liège, 2016), 41–56.
  • ––, “Marguerite de Habsbourg (1584-1611), épouse de Philippe III d’Espagne, et la sanctification des membres féminins de la Maison d’Autriche”, en Donne, potere, religione. Studi per Sara Cabibbo, ed. Marina Caffiero, Maria Pia Donato y Giovanna Fiume  (Milán: Franco Angeli, 2017), 207–222.

Pies de foto e información de imágenes referidas en el texto:

  • Figura 1. Juan Pantoja de la Cruz, Margarita de Austria, reina de España, 1606. Óleo sobre lienzo, 112 x 97 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado, P001032.
  • Figura 2. Portada de Sermon que predico a la magestad del rey don Felipe III nuestro señor el P. Geronimo de Florencia […] de la Compañia de Iesus, en las Honras que su Magestad hizo a […] D. Margarita, su muger que es en gloria, en S. Geronimo el Real de Madrid, a 18 de Nouiembre de 1611 (Madrid: Juan de la Cuesta, 1611). Madrid, Biblioteca Nacional de España, R/20949(9).
  • Figura 3. Juan Pantoja de la Cruz, El nacimiento de la Virgen, 1603. Óleo sobre lienzo, 260 x 172 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado, P001038.
  • Figura 4. Primera página de La muerte de la Serenísima Reyna Doña Margarita de Austria que está en el çielo, causó general desconsuelo a estos reynos … dudan algunas personas espirituales, si en caso que saliese çierta la sospecha, se podría creer qu Su Magestad fue mártir de Jesuchristo, siglo XVII. Madrid, Biblioteca Nacional de España, MSS/20264/204.
  • Figura 5. Diego de Guzmán, Reyna catolica. Vida y muerte de D. Margarita de Austria reyna de Espanna (Madrid: Luis Sánchez, 1617). Madrid, Biblioteca Nacional de España,  2/20831.