Indumentaria y traslación geográfica de la viudedad

AGENART
Pieza del mes: Enero 2024
Autora: Marina Sánchez Montero

Cómo citar este artículo/How to cite this article: Marina Sánchez Montero, “Indumentaria y traslación geográfica de la viudedad”, Agenart: La agencia artística de las mujeres de la Casa de Austria, 1532-1700, 08 de enero de 2024. Consultado: 27 de febrero de 2024. URL: https://agenart.org/indumentaria-y-traslacion-geografica-de-la-viudedad/

La viudedad fue un estado que determinó las vidas de numerosas mujeres de la Casa de Austria. La muerte de sus esposos cambió su devenir político al adquirir nuevas competencias y cargos de gobierno, bien en los territorios en los que vivían, bien en los lugares de la Monarquía Hispánica que requerían de alguien que asumiera las riendas de la regencia o gobernación. Esta nueva agencia política no puede ni debe entenderse desvinculada de la imagen con la que estas mujeres escogieron ser representadas y recordadas, y sin duda uno de los elementos de mayor relevancia para construir su identidad como viudas fue su indumentaria. En este sentido, la política sartorial y el retrato supusieron dos piezas clave para la configuración política y dinástica de estas mujeres.

Los textos de principios morales escritos entre los siglos XVI y XVII dirigidos a guiar el comportamiento y educación de las mujeres son una fuente importante para considerar la función que tenía la indumentaria de las viudas en términos de decoro y virtud. Juan Luis Vives, en su Instrucción de la mujer cristiana (1523), citó a San Jerónimo, y expresó que “no solamente deben parecer viudas en vestiduras negras y gruesas, mas aun en todo el ornamento del cuerpo; porque la viuda que está adornada […] claramente pregona y dice que quiere marido”. Estas afirmaciones aluden directamente a la cuestión de la castidad, que era lo que idealmente debía ser preservado. En esta misma dirección irán los escritos de Erasmo de Rotterdam (1529) y del padre Alonso de Andrade (1644). Estos tratados parecen sugerir que el modelo de vida de las viudas debía consolidarse a partir de la pureza, humildad y simplicidad promulgadas. Sin embargo, la realidad era bien distinta para las mujeres de la Casa de Austria, precisamente por su condición política de reinas, soberanas o archiduquesas. No se trata simplemente de que vistieran lujosas galas por pertenecer a una casa real; esa realidad material o indumentaria suponía también una manera de legitimar y materializar su poder, agencia o autoridad. Las viudas Habsburgo cumplían con un doble cometido dinástico: recordar la ausencia de sus maridos, y velar por la continuidad de la monarquía. Si su figura política era crucial en la toma de decisiones y en sus acciones diplomáticas, su imagen lo era en términos de consolidar esa agencia y difundirla.

Figura 1. Margarita de Austria, en Michele Riccio (autor), Changement de fortune en toute prosperité, 1505-1507. Viena, Biblioteca Nacional de Austria, cód. 2625, fol. 22r.

Esto es algo que se hizo muy evidente ya en los retratos de la archiduquesa Margarita de Austria (1480-1530). Enviudó por segunda vez en 1505, a la muerte de Filiberto II de Saboya. Dos años después fue nombrada gobernadora de los Países Bajos y, a partir de entonces, asumió el traje de viuda típico de Borgoña, compuesto por una cofia plegada y un vestido de escote bajo con mangas de piel. El atuendo se completaría con una toca blanca que cubría el pelo y el cuello, y un velo transparente sobre el pecho. Esta imagen se convertirá en su “firma”, pues desde muy temprano la gobernadora se hizo retratar así en numerosos formatos y objetos: cuadros, esculturas, vidrieras e incluso miniaturas iluminadas. Precisamente, una de las primeras imágenes que se conservan de ella como viuda, anterior a sus célebres retratos realizados por Bernard van Orley, es una miniatura incluida en la obra Changement de fortune, de Michele Riccio [Figura 1]. Su fecha se desconoce, pero probablemente fuera realizada en los meses cercanos a la designación de Margarita como gobernadora. La archiduquesa aparece llorando la muerte de su marido, pero ricamente vestida y sentada sobre un imponente trono revestido con una tela púrpura con bordados de oro. En este sentido, se trata de la imagen de una perfecta viuda gobernante: se muestra afectada, como una mujer que no está interesada en volver a casarse, pero a la vez apunta a su elevado estatus político y a su nueva condición de gobernadora a través de su indumentaria y la estancia.

Un aspecto muy llamativo de la indumentaria de las viudas de la Casa de Austria es que la mayoría de ellas escogieron el atuendo viudal típico bien del territorio del que fueron consortes, bien del que gobernaron tras enviudar. Esto se ve con mucha claridad en dos de las sobrinas de Margarita y hermanas de Carlos V: Leonor de Austria (1498-1558) y María de Hungría (1505-1558). La primera quedó viuda al fallecer Francisco I de Francia en 1547. En los retratos que se conservan de ella después de ese momento [Figura 2], la infanta lleva una cofia con velo sobre la cabeza, completado por un manto que cae hasta el final de la espalda cubriendo el vestido. Tanto el tocado como el manto son muy similares a aquellos del traje de luto de las nobles francesas, tal y como se puede apreciar en la obra De gli habiti antichi, e moderni di diverse parti del mondo libri due, de Cesare Vecellio (1590) [Figura 3]. En cambio, María de Hungría, que enviudó en 1526, siguió la estela de su tía y no escogió representarse con la indumentaria del luto de Hungría o de Bohemia. Al ser nombrada gobernadora de los Países Bajos en 1531, vistió las tocas propias de una viuda “nobile d’Augusta” (Augsburgo), como denominó Cesare Vecellio a este tipo de traje. En este sentido, María participó de su deber matrimonial al recordar a Luis II de Hungría con su atuendo, pero a la vez hizo uso de él con un sentido casi geopolítico. Pompeo Leoni retrató a la gobernadora portando un vestido negro de mangas largas apretadas, un velo realizado con cambrai y una estola que cae por encima de sus hombros, tal y como lo describe Vecellio [Figura 4].

Figura 4. Leone Leoni, Pompeo Leoni, La reina María de Hungría, 1553-1564. Madrid, Museo Nacional del Prado, inv. E000263.

Esta traslación geográfica de la indumentaria viudal se va a consolidar en uno de los grupos escultóricos de mayor relevancia dinástica de la Casa de Austria: el grupo orante de Carlos y su familia de la basílica del Real Monasterio del Escorial [Figura 5]. Tres de las mujeres que protagonizan el conjunto fueron viudas y fueron retratadas con el atuendo del territorio que representaron o al que se vincularon al fallecer sus esposos: Leonor de Austria, con traje francés; María de Hungría, con indumentaria alemana; y la emperatriz María de Austria, sobrina de ambas, con traje castellano, como se verá a continuación. Su deber y su poder dinástico estarían representados por esta indumentaria, al ser un vestigio de su agencia política y de sus enlaces matrimoniales.

Figura 5. Leone Leoni, Pompeo Leoni, Grupo orante de Carlos V y su familia, 1598. Basílica del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial.

Las dos hijas de Carlos V e Isabel de Portugal, María de Austria (1528-1603) y Juana de Austria (1535-1573) también definieron su imagen oficial como viudas a su llegada a la corte madrileña tras la muerte de sus esposos. La primera en enviudar fue doña Juana, en enero de 1554. Cuando en julio de ese año asumió la regencia de España, su imagen como viuda comenzó a difundirse a través de sendos retratos realizados por Antonio Moro, Alonso Sánchez Coello o Sofonisba Anguissola. Uno de los ejemplos más representativos es un retrato que la infanta encargó a Sánchez Coello y que Annemarie Jordan Gschwend fechó en 1559, justo cuando Felipe II regresó de Inglaterra y por lo tanto terminó la regencia de la infanta [Figura 6]. Juana viste un traje negro a la española y cubre su cabello con una cofia con una toca blanca y dos cabos que caen sobre su pecho. El final de estos cabos está unido por un pinjante que contiene la miniatura de su padre, el rey. Este elemento es fundamental para comprender la posición de la princesa en la dinastía: su temprana condición de viuda hizo que su hermano y su padre decidieran otorgarle la regencia de España durante cinco años hasta la vuelta del primero, cuyo retrato ha incluido en el suyo propio. Además, en su mano derecha porta un moscador, un objeto que representa su vínculo con la corte portuguesa tanto por vía materna -heredó este tipo de objetos de su madre, Isabel de Portugal-, como por vía matrimonial y la relación con su tía y suegra, Catalina de Austria.

De la emperatriz viuda María de Austria no se conservan tantos retratos pictóricos, pero su indumentaria puede apreciarse bien en el realizado por Juan Pantoja de la Cruz hacia 1600 [Figura 7]. Doña María lleva un largo monjil negro sobre el cual cae el griñón blanco que cubre su cuello y cabeza por enteros, a juego con las mangas del vestido. La indumentaria escogida por María de Austria se aproxima más a los trajes de viudas y dueñas castellanas que la que eligió, por ejemplo, su hermana Juana. Lejos de remarcar únicamente su piedad dentro de las Descalzas Reales, se revela el lujo y realeza de su figura, pues como indicó Cordula van Wyhe el griñón de la emperatriz, de seda, es primoroso, rico y opulento, y la distinguiría dentro de su corte en el monasterio.

Figura 7. Juan Pantoja de la Cruz, La emperatriz María de Austria, h. 1600. Madrid, Real Monasterio de las Descalzas Reales, inv. 00612225.

La herencia representativa de estas mujeres fue recogida por la reina doña Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV, que quedó viuda en el año 1665. El caso de doña Mariana era diferente al de sus antepasadas puesto que ella fue la primera reina al frente de la Monarquía Hispánica como gobernadora y tutora por fallecimiento del rey y minoría de edad del heredero. Desde la muerte de Felipe IV hasta su propia muerte en 1696, la monarca mantuvo el atuendo de viuda, de manera que su imagen oficial como regente y como reina madre se mantuvo prácticamente inalterable, modificándose únicamente el lugar en el que se hacía representar. Aunque doña Mariana era alemana, su traje siguió la moda castellana. Para cubrir su cabeza, hizo uso de un griñón blanco fruncido que se cerraba plegado en el cuello y las mangas, cayendo hasta las rodillas [Figura 8]. Se complementaba con un velo negro que cubría el griñón, los hombros y los brazos. Esta toca cubre el negro monjil, que en el caso de la reina es trenzado y de larga cola, ceñido a la cintura y a la espalda y con un pronunciado vuelo en la falda. La reina, por lo tanto, se inscribe dentro de una tradición visual de luto femenino típicamente hispánica, reconocible por su corte.

Queda patente, por lo tanto, que el traje de viuda fue un elemento político clave para las mujeres de la Casa de Austria. Lejos de ser una indumentaria sombría, decadente o vacía de lujos, fue uno de los principales medios de representación escogido y manipulado por estas mujeres para dar un significado concreto a la imagen oficial que ellas construyeron y difundieron.

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