La Reina ha muerto: ¡larga vida a su imagen!

AGENART
Pieza del mes: Abril 2023
Alejandra Franganillo Álvarez

Cómo citar este artículo/How to cite this article: Alejandra Franganillo Álvarez, “La Reina ha muerto: ¡larga vida a su imagen!”, Agenart: La agencia artística de las mujeres de la Casa de Austria, 1532-1700, 5 de abril de 2023. Consultado: 23 de mayo de 2024. URL: https://agenart.org/la-reina-ha-muerto-larga-vida-a-su-imagen/.

La reina Isabel de Borbón [Figura 2] murió el jueves 6 de octubre de 1644 mientras desempeñaba el gobierno de los territorios peninsulares durante la ausencia de su esposo Felipe IV, quien se había desplazado al frente aragonés donde el ejército real luchaba contra los rebeldes catalanes y los franceses. El 25 de septiembre aparecieron los primeros síntomas de la erisipela, una enfermedad de la sangre que sale en el rostro y se va extendiendo. Tan sólo una semana después los médicos no tenían esperanzas de que la reina sobreviviese, así que el rey inició su jornada hacia la Corte. El 4 de octubre por la tarde fueron llevados a los aposentos de Isabel el cuerpo de San Isidro Labrador, canonizado en 1622, y la imagen de la Virgen de Atocha, a la que la reina solía visitar todos los martes para rezar por el buen desarrollo de la guerra. Al día siguiente Isabel recibió la extremaunción de manos del cura de palacio e intentó redactar sus últimas voluntades, pero la falta de fuerzas le impidió hacerlo ella misma, así que dio potestad a Felipe IV para que otorgase testamento en su nombre tal y como ella se lo había comunicado en anteriores ocasiones. Isabel de Borbón dio su último suspiro en presencia de las condesas de Salvatierra y Paredes, sus damas de honor; las damas Antonia de Mendoza y Ana María de Velasco; su confesor, el padre Juan de Palma; y otros clérigos, no consintiendo que entrasen en su dormitorio sus hijos el príncipe Baltasar Carlos y la infanta María Teresa para evitar riesgo de contagio. El rey no llegaría a tiempo para ver a Isabel con vida, enterándose del fallecimiento de su esposa al día siguiente. El monarca escribió a Juan Chumacero, presidente del Consejo de Castilla y estrecho colaborador de Isabel de Borbón durante la gobernación de esta para que ordenase se diesen cien mil misas en nombre de la reina “quedando yo en el quebranto que pide pérdida tan agena de consueloˮ.

Junto a los enlaces reales, nacimientos de príncipes e infantes, y bautismos, las exequias fúnebres constituían la oportunidad idónea para desplegar un mensaje propagandístico dirigido a todos los súbditos, donde el túmulo funerario [Figura 3] se convertía en el eje central. En el caso de las soberanas, los sermones fúnebres se aprovechaban para idealizar su figura, pues la reina representaba el modelo a seguir para el resto de mujeres. Por ello, estos escritos frecuentemente destacan la profunda religiosidad y piedad de las reinas, así como su papel como madres en el caso de aquellas que lo fueron. Sin embargo, en las honras de Isabel de Borbón encontramos un elemento anómalo vinculado al papel excepcional que esta ejerció como gobernadora en las campañas de 1642, 1643 y 1644, en las que Felipe IV permaneció alejado de Madrid. Así, Isabel de Borbón fue comparada con mujeres bíblicas y de la Antigüedad que habían tenido protagonismo en acciones bélicas, tales como Débora o Belona.

Aunque las exequias reales se celebraban en numerosos territorios, las más importantes tenían lugar en la iglesia de los Jerónimos de Madrid y solían ser publicadas dando como resultado el llamado “libro de exequias”. El dedicado a las honras fúnebres de Isabel de Borbón, titulado Pompa funeral, honras y exequias en la muerte de la muy Alta y Católica Señora Doña Isabel de Borbón…[Figura 4],destaca por el alto número de estampas (más que el libro de exequias de Felipe III) y jeroglíficos que incluye, algo excepcional pues suponía un coste económico significativo. Destacan los grabados del túmulo y de la planta de la iglesia indicando el lugar donde se colocaban los asistentes elaborados por Juan de Noort [Figuras 3 y 5], así como el retrato alegórico de la reina, obra de Pedro de Villafranca [Figura 1]. Este volumen fue además costeado por el conde de Castrillo [Figura 6], colaborador favorito de la reina durante sus últimos años de vida y quien por orden de Felipe IV se ocupó de organizar todas las ceremonias tras la muerte de la consorte.

La publicación del libro de exequias de Isabel de Borbón se aprovechó para exaltar la figura de la reina en un delicado momento político para la Monarquía Hispánica como fue la década de 1640, con las rebeliones de Portugal y Cataluña (1640); las conspiraciones del duque de Medina Sidonia en Andalucía (1641) y el duque de Híjar en Aragón (1648); y las revueltas de Nápoles y Sicilia (1647-1648). Isabel se había desvivido durante sus últimos años de vida en beneficio de sus vasallos, tanto es así que en el libro de exequias se afirmaba que el exceso de trabajo le había llevado a la muerte. Pero no debemos olvidar que estos libros eran encargados por la corona, y que por tanto tenían una clara voluntad propagandística. En este caso se buscaba dar a conocer la importante victoria que el ejército real había obtenido en Lérida contra los ejércitos enemigos unos meses antes del deceso de la reina, el 15 de mayo, primer día de Pascua de Pentecostés. Este feliz suceso quedaría inmortalizado en el soberbio retrato de Felipe IV vestido de militar que el monarca encargó a Diego Velázquez [Figura 7].

Una vez finalizaban las honras fúnebres, las reinas que habían sido madres de reyes eran enterradas en el Real Monasterio de El Escorial [Figura 8]. Los restos de Isabel de Borbón descansan allí, a pesar de que su primogénito, Baltasar Carlos, no llegó a ser rey al fallecer tan sólo dos años después de su madre. No obstante, méritos no le faltaron, pues tal y como Felipe IV reconoció en una carta del 9 de octubre de 1644 dirigida a la condesa de Paredes, confidente de la reina: “Condessa yo he llegado aquí qual vos podéis juzgar aviendo perdido en un día, mujer, amiga, ayuda y consuelo en todos mis trabajos, y pues no he perdido el juicio y la vida, devo de ser de bronce”.


Bibliografía (selección)

  • María Adelaida Allo Manero, Exequias de la Casa de Austria en España, Italia e Hispanoamérica (Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 1993).
  • Alejandra Franganillo Álvarez, A la sombra de la reina. Poder, patronazgo y servicio en la Corte de Felipe IV (1615-1644) (Madrid: Editorial CSIC, 2021).
  • Fernando Negredo del Cerro, “La gloria de sus reinos, el consuelo de sus desdichas. La imagen de Isabel de Borbón en la España de Felipe IVˮ, La reina Isabel y las reinas de España: realidad, modelos e imagen historiográfica, ed. María Victoria López-Cordón Cortezo y Gloria Franco Rubio (Madrid: Actas de la VIII reunión científica de la Fundación Española de Historia Moderna, 2005), 465-484.
  • Pilar Vilela Gallego, Felipe IV y la condesa de Paredes. Una relación epistolar del Rey en el Archivo General de Andalucía (Sevilla: Consejería de Cultura, 2005).
  • Cécile Vincent-Cassy, “La reina en majestad. Imagen política póstuma de Isabel de Borbón († 1644)”, Tiempos modernos 7:26 (2013).
  • Steven Orso, “Praising the Queen: The Decorations at the Royal Exequies for Isabella of Bourbon”, The Art Bulletin 72:1 (1990), 51-73.

Pies de foto e información de imágenes referidas en el texto:

  • Figura 1. Pedro de Villafranca,Retrato alegórico de Isabel de Borbón, 1645. En Pompa funeral honras y exequias en la muerte de la muy Alta y Católica Señora Doña Isabel de Borbón Madrid (Madrid: Diego Díaz de la Carrera, 1645). Madrid, Biblioteca Nacional de España, R/14843.
  • Figura 2. Diego Velázquez, La reina Isabel de Borbón a caballo, c. 1635. Óleo sobre lienzo, 301 x 314 cm. Madrid, Museo Nacional del Prado, P001179.
  • Figura 3. Juan de Noort, Túmulo funerario de Isabel de Borbón, 1645. En Pompa funeral honras y exequias en la muerte de la muy Alta y Católica Señora Doña Isabel de Borbón Madrid (Madrid: Diego Díaz de la Carrera, 1645). Madrid, Biblioteca Nacional de España, R/14843.
  • Figura 4. Pompa funeral honras y exequias en la muerte de la muy Alta y Católica Señora Doña Isabel de Borbón Reyna de las Españas y del Nuevo Mundo que se celebraron en el Real Convento de San Gerónimo de la villa de Madrid (Madrid: Diego Díaz de la Carrera, 1645). Madrid, Biblioteca Nacional de España, R/14843.
  • Figura 5. Juan de Noort,Planta de la iglesia de los Jerónimos, 1645. En Pompa funeral honras y exequias en la muerte de la muy Alta y Católica Señora Doña Isabel de Borbón Madrid (Madrid: Diego Díaz de la Carrera, 1645). Madrid, Biblioteca Nacional de España, R/14843.
  • Figura 6. Artista italiano sin identificar, Retrato de García de Avellaneda y Haro, 1694. Aguafuerte y buril, 11,9 x 7,1 cm. Madrid, Biblioteca Nacional de España, ER/574 (90)
  • Figura 7. Diego Velázquez, Felipe IV, 1664. Óleo sobre lienzo, 129,9 x 99,4 cm. Nueva York, The Frick Collection, 1911.1.123.
  • Figura 8. Los Panteones, Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Patrimonio Nacional.